Entradas

Los perdedores más hermosos.

Imagen
En esta ciudad de gente triste  hablo con los taxistas  con los libreros ambulantes,  con los locos,  los defraudados del mundo. Con los muertos ¿la vida les ganó o ellos les ganaron a la vida?  Mientras el éxito lo dicte  el gran monstruo vomitivo  de la C mayúscula perdedora seré. Entre misiles iraníes  misiles estadounidenses  israelíes  drones de la guerra  y  Cuba que desaparece. Si el que gana es el que  domina, degrada, destruye seré eternamente perdedora  cool loser Porque héroe de la clase obrera es algo que vale la pena ser. Un héroe de la clase obrera es algo que vale la pena ser. Destino, condena, fortaleza.  Ángulo 360 de la existencia. ¡Somos los perdedores más hermosos del tercer mundo! beautiful losers lovely lovely losers  Entre agendas satánicas neoliberales y bailes satánicos en sótanos de bares.  agendas satánicas neoliberales y bailes satánicos en sótanos de bares.  sótanos de ...

Leonard naked Cohen.

Imagen
Look at me, Leonard. El año pasado el elegido de mi melomanía fue Leonard Cohen. En él  encontré, por supuesto, a un escritor formidable. Pero hubo algo que me llamó particularmente la atención: en varias de sus canciones aparece la palabra naked . No son muchas si se considera lo extensa que es su discografía. Pero sí las suficientes -y con un peso esencial de significado- como para que el detalle deje de parecer casual y abra un espacio para pensar. Buscando información al respecto encontré que Joni Mitchell también había reparado en esto. “ He owns the phrase naked body… it appears in every one of his songs”.  Las palabras de la también cantautora canadiense son, claramente, una hipérbole nacida de una observación similar a la mía. No es cierto que la frase aparezca en cada una de sus canciones, pero sí que vuelve, insiste y reaparece. Varias canciones de Cohen contienen la palabra naked ; es un hecho empírico. La pregunta que me surge, entonces, no es cuántas veces aparece...

Yo no me perdí, yo no sabía ubicarme en Ciudad Vieja.

Estamos sentadas en la puerta del edificio donde vive Mar. Es de noche. Ella come un alfajor que fuimos a buscar hasta abajo del hotel, donde hay un túnel al infierno.   Estamos por despedirnos, tengo un tabaco armado en la mano y le digo  -acá en ciudad vieja hay que vivir si te gustan las aventuras.  Exactamente después de decir eso es que aparece en nuestro rango visual una pareja de borrachos, muy borrachos, ella lo sostiene a él y lo arrastra.  Cuando llegan cerca de nosotras ella nos pregunta por tabaco, Mar niega, yo cedo, quizás por un impulso de ayudar a una mujer que lleva a un hombre a cuestas. Dándome cuenta de su imposibilidad de movimiento, le prendo el tabaco, ya que tiene las dos manos ocupadas sosteniendo al hombre inconsciente. Cuando retoma la marcha él se queda rígido, totalmente inmovil. Ella le insiste con ir hacia la rambla -el aire fresco te va a despabilar, le dice. Le ofrezco agua, pienso que tal vez tomando un poco se recompone.  Ella...

Entre el hombre mutilado y los libros sobre la revolución.

Diario de cuando trabajé en la feria del libro. MVD 2025. 26/09  La gente camina; parece más un ritual de shopping que una congregación intelectual. Sentada en mi mesa de librera observo a las personas entrar, tocar los libros, doblar sus páginas casi como acto reflejo. No sé si sus inquietudes son intelectuales o de otra índole; tampoco sé si el libro hoy no se ha convertido en un bien de consumo más, otro objeto que demuestra status. Se compra con dinero, se exhibe en el parque, importa más haber leído que leer, importa más la pose, la performance, que la sustancia. Juicios. Mi mente está llena de ellos, y lo lamento. Los escribo quizá para exorcizarlos, quizá para convertirme en una buena librera ¿otro eslabón del sistema? Me consuela el llegar a vender libros que cambien posturas, que impulsen a la acción, que hagan reflexionar, que den alivio al sufrimiento. Un señor de boina y lentes revisa los estantes y saca de sus bolsillos una libreta pequeñita donde anota algo que no pod...

Salí a divertirme y terminé pensando en Spinoza.

Imagen
Alcohol, deseo y otras formas de estar triste. (Crónica de una noche en Montevideo) Es sábado, no salgo de noche hace mucho tiempo, toca una de mis bandas activas favoritas y extraño a mi amigo Nicolás, entonces decido salir.  El mítico Clash cumple 18 años y nos espera con sus dientes de vampiro aún escondidos, el punk alternativo de Jesús Negro y los putos nos hace saltar, bailar y gritar, sudamos aunque afuera haya cinco grados y una bruma que hace de la ciudad más cinematográfica, un filtro apocalíptico que me retrotrae a Londres.   Al terminar el toque es muy temprano para seguir en el antro y también para volver a casa. Así que, en grupo caminamos hasta el pool Las Vegas , otro lugar legendario de la noche montevideana. No juego al pool. Tomo alcohol y compro cinco fichas para la rockola, mi atracción favorita del lugar, el repertorio va desde los Doors hasta La Hermana Menor. Se disuelven los géneros, las épocas y las máscaras. Volvemos  al Clash, sus dient...